Autoridades no le dan tregua a delincuencia en Bogotá

#JYDJudiciales Bogotá

El debate no debe centrarse en lo afirmado días atrás por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien, al explicar las medidas de choque que tomaría su administración para combatir el pico delincuencial en Washington, sostuvo que la tasa de homicidios en la capital norteamericana era más alta “que la de Bogotá, Ciudad de México o algunos de los peores lugares del mundo”.

Es claro que Bogotá ha venido avanzando de forma objetiva en la disminución de la mayoría de los delitos de alto impacto, también es claro que requiere redoblar esfuerzos para combatir determinadas modalidades criminales que aún tienen altos índices de victimización ciudadana.

Es cierto que esa comparación no es procedente, por cuanto Bogotá tiene hoy una muy baja tasa de asesinatos por cada cien mil habitantes (12), al punto que nunca ha entrado en el listado de las cincuenta ciudades más violentas del planeta. Washington, por el contrario, tiene una tasa de 25. Las estadísticas al respecto son incontrovertibles y ese debate se puede dar por cerrado.

Sin embargo, del informe especial publicado en nuestra edición dominical, en donde se consultó a cinco expertos en seguridad ciudadana, hay varios aspectos a resaltar en torno a cuáles ajustes urgen en la estrategia de tranquilidad ciudadana, sobre todo de cara a fenómenos de micro y macrocriminalidad.

Por ejemplo, hay una serie de particularidades sobre el modus operandi de las bandas delincuenciales en la capital del país, razón por la cual los planes para su combate deben ser especificados para enfrentar esa tipología criminal. Es decir, que las estrategias que se utilizan en otras ciudades no necesariamente son efectivas o aplicables en Bogotá, sobre todo en delitos como sicariato, extorsión, microtráfico y otros.

En segundo lugar, resulta evidente que se requiere analizar por qué está repuntando la cantidad de homicidios en la capital del país, revirtiendo una tendencia que venía a lo largo de la última década. Es claro que circunstancias como la irrupción de bandas como el ‘Tren de Aragua’ y la ola extorsiva en distintas localidades son factores desencadenantes en el aumento de los asesinatos. El fortalecimiento del pandillerismo y la atomización de redes de microtráfico, igualmente.

Visto todo lo anterior, es obvio que deben ponderarse en su justa dimensión los avances sustantivos en la seguridad ciudadana en Bogotá, pero también acelerar los correctivos para frenar algunos delitos de alto impacto.