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Redacción. Italia, la cuatro veces campeona del mundo, quedó eliminada del Mundial de 2026 en una noche que ya ocupa un lugar incómodo en su historia.
El partido decisivo del repechaje europeo, ese territorio que la selección italiana aprendió a temer en los últimos años, comenzó con una ilusión contenida.
La Azzurra, dirigida por Gennaro Gattuso, llegaba tras vencer a Irlanda del Norte y con la obligación de superar un último obstáculo: Bosnia y Herzegovina. No había margen de error. No después de Rusia 2018. No después de Catar 2022.
Italia golpeó primero. Moise Kean adelantó al equipo y por algunos minutos pareció que el desenlace sería distinto, que esta vez la historia se torcería a su favor.
Pero el partido empezó a resquebrajarse desde el minuto 41, cuando Alessandro Bastoni fue expulsado y dejó al equipo con diez jugadores.
A partir de ahí, la tensión se volvió permanente, un estado de incomodidad que nunca se disipó.
Bosnia resistió, esperó y encontró su momento. El empate llegó en el tramo final del tiempo reglamentario, empujando el partido hacia el territorio más cruel del fútbol: los penales. Italia, que alguna vez hizo de la resiliencia una marca registrada, llegó a ese punto cargando demasiado peso.
La tanda no fue una batalla, sino una confirmación. Fallaron Pio Esposito y Bryan Cristante, y Bosnia se impuso 4-1 desde los once pasos.
El pitazo final no solo cerró un partido. Selló una ausencia que ya no puede explicarse como accidente. Italia no estará en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Tampoco estuvo en Rusia ni en Catar.
Tres eliminaciones consecutivas que configuran un hecho inédito en la historia de una selección que alguna vez dominó el fútbol mundial.
La dimensión del fracaso se mide mejor en el tiempo: la última participación italiana en una Copa del Mundo fue en Brasil 2014.
Desde entonces, una generación completa de futbolistas y aficionados ha crecido sin ver a la Azzurra en el escenario más importante del deport
